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Este artículo está en varias versiones para que lo consumas como más te guste.
(Todas dicen más o menos lo mismo)

Uno de los instintos más básicos y fundamentales del ser humano es el instinto de supervivencia, es un mecanismo que surgió en el camino evolutivo y que busca hacernos sobrevivir lo suficiente para poder reproducirnos. Para llevar a cabo su misión, crea la identidad del “YO” (ego) y genera la necesidad de mantenerla a salvo; es un impulso vital; sin embargo, también puede traer problemas y enredos a nuestras vidas.

Origen del Instinto de Supervivencia

A lo largo de la historia evolutiva de la especie humana (incluso desde mucho antes), la selección natural premió a las personas que sabían evitar problemas, identificar amenazas y defenderse de ataques; premió a quienes lograban sobrevivir lo suficiente para poder reproducirse y criar sus hijos. 

Como estas ideas y comportamientos se fueron pasando generación tras generación, apareció eso que llamamos “instinto de supervivencia” y se metió en nuestros genes y en nuestra cultura.

¿En Qué Consiste Realmente el Instinto de Supervivencia?

El “instinto de supervivencia” es el impulso natural que nos motiva a cuidar nuestra vida y nuestra integridad; es el instinto de conservación; el que nos hace buscar nuestro bienestar; el que intenta hacernos sobrevivir.

Cubre un amplio rango de necesidades, impulsos y comportamientos. Es el que nos incita a buscar los alimentos adecuados; es el que nos hace darle mucha importancia a nuestra sociedad; es el que nos incita a ahorrar energía; es el que está detrás de muchos de nuestros comportamientos.

Funciona a través de emociones y sensaciones; usa el dolor, la incomodidad y la pereza para hacernos evitar situaciones que considera perjudiciales; usa la felicidad, el entusiasmo y el amor, para motivarnos a seguir los comportamientos que considera beneficiosos; pero sus herramientas principales (y más delicadas) son el miedo y el concepto del “YO” o Ego, que es una construcción mental de quién eres.

(Cabe aclarar que en el párrafo anterior sólo se mencionan algunas de las sensaciones y emociones que usa el “instinto de supervivencia” para hacer su trabajo).

Las Trampas del Ego

El Ego y el “instinto de supervivencia” normalmente hacen bien su labor, nos mantienen a salvo y hacen que nuestra vida sea larga y feliz, pero puede torcerse y convertirse en algo perjudicial. Esto es lo que vamos a explorar a continuación; vamos a analizar esos escenarios donde ellos se pueden tornar en nuestra contra.

El Miedo

El miedo es una de las herramientas más utilizadas por nuestro instinto de supervivencia para mantenernos a salvo. Es una sensación incómoda que nos incita a rechazar o a huir de todo lo que percibimos como una potencial amenaza a nuestra vida (incluso aplica para lo que percibimos como amenaza a nuestro estilo de vida).

Fue fundamental para sobrevivir a todos los peligros que debían enfrentar nuestros antepasados en su día a día, y sigue siendo fundamental para sortear las amenazas que aún debemos enfrentar. Sin embargo, el mundo moderno y el de nuestros ancestros son muy distintos; no todos los peligros de esa época continúan siendo una amenaza; pero, nuestra mente, que no es capaz de adaptarse 100% al cambio, aún los interpreta como tal.

Como consecuencia, hay muchos temores incoherentes que no corresponden al momento presente y limitan nuestra vida innecesariamente; como el miedo a ser criticado, el miedo a hablar en público, el miedo a la oscuridad, el miedo a estar solo, entre muchos otros.

No todos los temores con los que lidiamos vienen de nuestra historia evolutiva, y del miedo hay mucho por explorar y hablar, pero este tema se sale del alcance del presente artículo y lo dejaremos para más adelante.

El asunto es que aunque el miedo es una sensación que surge de forma muy natural y espontánea, debemos mantenernos muy vigilantes; y cuando lo sentimos, preguntarnos si aplica o no a la situación que estamos cruzando, si es o no pertinente; debemos aprender a diferenciar peligros reales de los imaginarios para evitar que el miedo deforme nuestra vida.

Modo: “Lucha o Huida”

La reacción “lucha o huida” es un mecanismo automático de supervivencia que se dispara cuando sentimos que nos atacan, o cuando sentimos que nuestra vida o nuestra integridad corren peligro.

Es una respuesta fisiológica compleja que involucra no sólo al cerebro, sino que casi a todos los órganos del cuerpo. El sistema simpático se activa, las glándulas suprarrenales liberan adrenalina, se acelera el corazón, mejora la respiración, dilata las pupilas y más… en resumen, pone todo el cuerpo en un estado donde se está alerta, concentrado y listo para tomar cualquier acción; salir corriendo o dar la pelea.

Es muy útil en momentos de peligro, como cuando te está persiguiendo un tigre o un ladrón, incluso se siente hasta bien y de ahí viene la popularidad de los deportes extremos. Sin embargo, no todo es bueno con ese sistema.

El modo “Lucha o huida” tiene principalmente dos problemas; el primero, es que se puede disparar en momentos indeseados y perjudicarnos, como es el caso de los ataques de ansiedad o del pánico escénico que te bloquea o te desconecta de lo que sea que debas estar haciendo en público. 

El segundo problema, se da cuando nos mantenemos en ese estado por periodos prolongados, como es el caso del estrés. Cuando estamos en modo “Lucha o Huida” se activan los órganos cuya función es crítica para sobrevivir a los ataques o amenazas, como los músculos, los pulmones, el cerebro y el corazón; pero también, para evitar el malgasto de energía en estas situaciones, se “apagan” los órganos y procesos que cumplen roles menos importantes en el momento, como la digestión, el sistema de defensas y los órganos sexuales; porque cuando te está persiguiendo un tigre lo último que importa es digerir tus alimentos o luchar contra una infección.

Pero que estos sistemas se “apaguen” en esos momentos no quiere decir que no sean vitales ni importantes. Por eso, cuando nos mantenemos en un constante estado de estrés aparecen todo tipo de problemas de salud; porque todos estos sistemas están “apagados”, les están llegando pocos nutrientes, poco oxígeno; porque están trabajando en modo “bajo consumo de energía”.

Por esto, es importante aprender a manejar el estrés y a prevenir disparos inadecuados de este mecanismo (lo cual también se sale del alcance del artículo y quedará pendiente para más adelante).

Egocentrismo vs comunidad

El ego es la noción del YO y es una construcción mental necesaria para sobrevivir, nos permite diferenciar entre yo y los demás, nos permite saber cuando nos sentimos bien, nos permite identificar nuestras necesidades y prioridades.

Por sí solo, el ego y pertenecer a una comunidad no son incompatibles, pero sí pueden llegar a serlo. Cuando se le da demasiado peso al ego; cuando ponemos nuestro bienestar por encima del de los demás; cuando prescindimos de los derechos del otro por beneficio propio; cuando al recorrer nuestro camino irrespetamos el camino de los demás; cuando nos olvidamos de que aunque somos individuos, hacemos parte de una gran unidad que es la sociedad.

Ahí el ego se convierte en egocentrismo o narcisismo, se crea una desconexión con la comunidad y se convierte en un problema. Un problema a veces difícil de ver y entender porque es muy fácil caer en la ilusión de que mi bienestar es independiente al de los demás, que entre más tenga yo, mejor, incluso si eso implica que le debo quitar al otro.

Sin embargo, es una mentalidad perjudicial, autodestructiva y torpe. Es torpe, porque quien tiene un panorama lo suficientemente amplio y entiende las mecánicas del karma, la sociedad y la vida, entiende que no hay forma de perjudicar a otro y salir bien librado, por lo menos, no a largo plazo.

Por tanto, debemos mantener siempre claro y presente que aunque somos individuos y está bien buscar nuestro bienestar, también somos parte de la sociedad y también debemos buscar su bienestar. Recuerda siempre que la mejor forma de conseguir todo lo que tu quieres en la vida es ayudando a los demás a conseguir todo lo que ellos quieren (leer más).

Aversión al Dolor

El dolor, sea físico o mental es una de las herramientas básicas y principales del instinto de supervivencia; es lo que la mente nos hace sentir cuando quiere que evitemos alguna situación, actividad u objeto que está amenazando nuestro bienestar. 

Cuando tocamos algo muy caliente, nos duele para que quitemos la mano; cuando nos herimos, nos duele para que evitemos futuras lesiones; cuando aguantamos hambre extrema, nos duele para que busquemos alimentos con urgencia; cuando nos critican o excluyen, nos duele para que busquemos ser aceptados por la comunidad.

El dolor es fundamental y vital; de hecho, la carencia de dolor físico, que es el síntoma principal de la lepra, llevaba a la persona a tropezar y herirse una y otra vez, hasta literalmente, perder partes de su cuerpo. Sin sensación de dolor no nos cuidaríamos; sin sensación de dolor nos auto-destrozaríamos física, mental y socialmente.

El instinto de supervivencia le dice a nuestra mente que nosotros estamos a salvo siempre y cuando no sintamos dolor; dice que ese es el estado deseable, el que nos hace sobrevivir. Pero, cuando decidimos seguir estos impulsos y evitar toda versión de dolor, podemos desarrollar aversión al dolor (algofobia).

El problema es que la vida está llena de dolor y aunque sí hay algunos innecesarios que se pueden y se “deben” evitar, hay otros inevitables que debemos aprender a soportar e incluso hay algunos “deseables” que deberíamos buscar.

Está bien que trates de evitar quemarte, ahogarte, herirte y ese tipo de dolores que van asociados a lo que realmente amenaza tu integridad. Pero en las ocasiones donde sentirlo es inevitable, como lo es el dolor generado por un accidente, la pérdida de un ser querido, o cualquier evento desafortunado que se salga de tu control, lo mejor que puedes hacer es aprender a soportarlo y sobrellevarlo.

Ahora, cuando estamos hablando de crecimiento, de sueños, de ambición y de riesgo; el dolor deja de ser inevitable y pasa a ser algo que debemos estar dispuestos a sentir o incluso a buscar. Si queremos tener una relación de pareja, debemos arriesgarnos a sufrir un desamor; si queremos emprender, debemos estar dispuestos a enfrentar derrotas; si queremos mejorar nuestro estado físico, debemos ejercitarnos hasta entrar en la zona de fatiga y dolor (Leer: La regla del 40%); en general, casi todas las actividades que traen crecimiento y avance, son retadoras y te exigen sentir dolor e incomodidad, o por lo menos arriesgarte a hacerlo.

Por eso, debemos procurar no crear aversión al dolor, está bien que evitemos los dolores innecesarios y los que realmente amenazan nuestra integridad; pero no debemos temerle al dolor en general; porque hay muchos inevitables, porque hay muchos que debemos arriesgarnos a sentir, porque hay muchos que debemos buscar para poder llegar a ser la mejor versión de nosotros mismos.

Zona de Confort

Nuestro instinto de supervivencia trata de mantenernos a salvo y una de sus estrategias es hacer que nos sintamos muy bien y muy cómodos cuando no hay ninguna amenaza ni ningún peligro en nuestra vida; además de hacer que nos de miedo perder este estado de comodidad. Este es el estado al que llamamos “zona de confort”.

La zona de confort es rica, cómoda, agradable y segura (a corto plazo), pero también es estática, y por lo tanto, peligrosa (a largo plazo)

Peligrosa porque no hay crecimiento, porque para crecer se necesita cambiar y los cambios implican riesgo; porque para aprender hay que adentrarse a zonas desconocidas e inciertas; porque para sobresalir es necesario exponerse a la crítica; porque los caminos que valen la pena, conducen a momentos o escenarios, inciertos y complicados.

La zona de confort se convierte entonces en una trampa agradable, donde mientras estemos ahí, el único resultado que obtenemos es quemar tiempo… tiempo de vida invaluable e irrecuperable.

Y cuando lleves en tu zona de confort 2, 5, 10 o 20 años… vas a mirar hacia atrás y te vas a preguntar: ¿qué he hecho con mi vida?, ¿qué he construido?, ¿qué he logrado?; pero no vas a encontrar una respuesta que te haga sentir bien, solo vas a encontrar arrepentimiento… y ese arrepentimiento duele mucho más que todas las dificultades que evitaste al quedarte en tu zona cómoda.

Por eso, debemos ser vigilantes con nuestras acciones y evitar caer por periodos prolongados en la zona de confort; no es que no podamos estar nunca cómodos; de hecho, la zona de confort es un buen lugar para reposar y recargar energía después de un periodo retador de la vida; pero debemos ser conscientes de lo delicada que es, mantenernos vigilantes e impulsarnos a salir con frecuencia de allí para poder construir una vida que nos haga sentir orgullosos.

Falsa Identidad

Cuando el ego se convierte en narcisismo, se crea la idea de que eres perfecto, de que ya eres la máxima expresión de lo que puedes ser; es un escudo mental que se crea alrededor de tu ego y tu identidad para que no te sientas vulnerable, para que te sientas a salvo.

El problema es que es imposible aprender eso que crees que ya sabes; por eso, si crees que ya eres la mejor versión de ti mismo no puedes aprender nada nuevo y te estancas.

Si crees y profesas que eres lo mejor, que eres invencible, que nunca te equivocas; vas a cogerle miedo a las pruebas, porque si pierdes vas a dejar ver que no eres tan perfecto, si fallas vas a sentir que no eres suficiente. 

Como consecuencia, lo que normalmente sucede es que la persona narcisista no sólo trata de evitar la competencia; sino que, cuando se enfrenta a una situación donde debe demostrar su valor, se ve más inclinada a hacer trampa.

Entonces se acaba tu capacidad de arriesgarte, de aventurarte, de experimentar, de competir, de producir, de ganar.

Además, tu no eres TAAAN perfecto, seguramente hay alguien mejor que tú; o si eres el mejor en tu área, seguro hay muchas otras donde los demás te superan; debes entender y aceptar que tu estas lleno de falencias y que tienes mucho todavía por mejorar y aprender.

Creer que eres tu mejor versión simplemente no es cierto; es una ilusión, y vivir en una ilusión es perjudicial (por lo menos en este caso) porque te vas a estar chocando todo el tiempo con la realidad de la vida.

Procura entonces conocerte bien, reconoce tus fortalezas; pero también, tus debilidades, acéptalas, haz las paces con la idea de que eres una persona en proceso de mejora, que todavía tienes mucho por aprender y superar. Sólo así vas a tener la actitud necesaria para seguir avanzando y progresando en la vida, con confianza, ganas y humildad.

¿Qué Podemos Concluir?

Es importante que entiendas bien cómo son las dinámicas del “instinto de supervivencia” y del ego, entender hasta dónde son beneficiosos y en qué circunstancias se pueden volver perjudiciales.

No dejes que el ego estanque tu crecimiento personal; reconoce tus fortalezas pero acepta tus debilidades; no caigas en el narcisismo; no te quedes demasiado tiempo en la zona de confort; acepta que el miedo y el dolor estarán siempre presentes, pero entiende que esto no tiene por qué detenerte; recuerda que eres parte de la comunidad y que tu misión no es sólo buscar tu  bienestar, sino que también el de los demás.

Interiorizar estas ideas es fundamental si quieres sacarle el mayor provecho al tiempo que tienes en esta vida.

TL;DR (Too Long; Didn’t Read)

El “instinto de supervivencia” es una de las dinámicas evolutivas más antiguas y opera mediante las sensaciones, emociones y el ego. Aunque es un mecanismo vital y beneficioso también puede distorsionarse y perjudicarnos.

Puede:

  • Cerrarte las puertas de la vida, paralizándote con miedo
  • Dañar tu salud manteniéndote en un constante estado de estrés
  • Convertirse en narcisismo y estropear tus interacciones sociales
  • Tirar a la basura tu potencial creando aversión al dolor
  • Consumir todo tu tiempo de vida atrapandote en la zona de confort
  • Acabar con tu crecimiento haciéndote creer que ya eres tu mejor versión.

Por eso, es importante que entiendas las dinámicas del ego y del instinto de supervivencia para que puedas mantener esos impulsos dentro de unos límites sanos y puedas sacarle el mayor provecho al tiempo limitado que tienes de vida.

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