No a todo el mundo es bueno leyendo… (Yo, por ejemplo)

Así que este artículo está en varias versiones para que lo consumas como más te guste.
(Todas dicen más o menos lo mismo)

El ser humano como raza tiene unos 200 mil años de historia, pero viene de un muy largo camino evolutivo y no fue sino hasta hace unos 10 mil años cuando aprendimos a cultivar, que cambiamos nuestros hábitos y la historia de la sociedad como la conocemos inició; formamos pueblos, creamos tecnología y aprendimos medicina, en general, creamos sociedades más seguras y cómodas. Pero toda la historia previa no pasó en vano, ese largo camino que recorrimos fue el que nos formó, ahí fué cuando nos desarrollamos como especie; en este periodo creamos mecanismos que generaban comportamientos y sensaciones, que nos ayudaron a sobrevivir y prosperar como especie; mecanismos que quedaron grabados en nuestros genes y se incrustaron en nuestro cuerpo y nuestra mente.

Aunque es cierto que una de las características que hacen especial a nuestra raza es la capacidad de actuar racionalmente y de adaptarse a las diferentes condiciones de nuestro ambiente; todos esos instintos e impulsos que nos enseñó la evolución y la historia siguen ahí dentro; todos los tenemos, los sentimos y debemos lidiar con ellos, son sistemas que están corriendo siempre en forma paralela a nuestra razón y nuestra lógica e influyen nuestro comportamiento más de lo que creemos.  

Explorar y entender estos instintos e impulsos nos puede ayudar a entender mejor por qué sentimos lo que sentimos, esto nos puede ayudar a sentir más empatía y compasión por nuestro comportamiento y el de los demás; y en últimas, este entendimiento nos va a ayudar a pilotar más sabiamente nuestra vida.

¿Qué es lo que vemos?

La vida es interesante y hermosa, pero es compleja y en ocasiones confusa y difícil

Entender por qué la vida es como es, o por qué sucede lo que sucede, sea a nivel personal o colectivo, con frecuencia es difícil; especialmente cuando vemos comportamientos autodestructivos en la sociedad como la deforestación, las guerras o el calentamiento global; o a nivel personal encontramos en los demás o incluso en nosotros mismos, comportamientos como vicios, pereza, glotonería y en general malos hábitos; a veces la solución a los problemas parece tan evidente que no nos explicamos por qué persiste, estos fenómenos pueden hacernos cuestionar ¿por qué hay ciertos problemas tan difíciles de solucionar? o ¿por qué es tan difícil dejar los malos hábitos o hacer lo correcto?

El objetivo de este artículo

Dar una sola fórmula general para solucionar todos los problemas que se presentan en la vida, o incluso, sólo encontrar una teoría que explique todas las dinámicas complejas del comportamiento humano… es apuntar muy alto y no es mi objetivo en este artículo; pero sí considero que es sumamente útil detenerse y explorar el funcionamiento y las dinámicas de nuestro cuerpo y especialmente de nuestro cerebro, para empezar a entender por qué sentimos lo que sentimos y hacemos lo que hacemos; y desde ahí, buscar la mejor forma de navegar nuestra vida, con el objetivo de disfrutarla y aprovecharla al máximo.

En este artículo y en la serie que estamos iniciando, vamos a intentar hacer un viaje de exploración por algunos sentimientos, comportamientos y dinámicas humanas, mirándolas desde el punto de vista de la historia de la humanidad como raza.

Vamos a tratar de responder la pregunta: ¿Cómo nos afecta nuestra historia evolutiva?

Un poquito de historia humana

Primero fué el big bang, luego las estrellas y después nuestro planeta, allí surgió la vida e inició el proceso de la evolución. Pero nuestra historia evolutiva inicia con la aparición de los primeros animales, que según la ciencia, sucedió hace aproximadamente unos 540 millones de años, luego, unos 360 millones de años más tarde aparecieron nuestros antepasados, los mamíferos y no fue sino hasta hace 200 mil años que entró nuestra especie en el cuento.

Fué desde allá, desde hace 530 millones de años, que empezaron a formarse los músculos, los huesos, la sangre, todos los elementos básicos que el dia de hoy nos conforman, y entre ellos, el cerebro; empezaron a aparecer sus primeras versiones, luego, generación tras generación, mutación tras mutación, siguiendo el camino natural de la evolución, cada uno de estos mecanismos fueron cambiando con el tiempo y adaptándose cada vez mejor a su ecosistema, persiguiendo siempre el objetivo principal de todo ser vivo, sobrevivir y reproducirse.

Luego, con la aparición de los mamíferos, nuestros órganos fueron madurando y asemejándose más a su forma actual; el sistema respiratorio desarrollo pulmones, el reproductivo, útero y glándulas mamarias, fueron apareciendo nuestras 4 extremidades y otras partes que nos caracterizan. 

Hasta que hace unos 200 mil años, aparecieron los primeros humanos que ya eran básicamente iguales a nosotros, un “animal” con un cerebro capaz de interpretar, analizar e imaginar, una especie con fuertes vínculos sociales y una capacidad de adaptación excepcional, seres que aprendieron a usar herramientas y desarrollaron sistemas complejos de comunicación.

Sin embargo, las condiciones en que vivíamos en esa época eran muy diferentes, al igual que nuestras dinámicas sociales; éramos básicamente cazadores y recolectores, vivíamos en condiciones hostiles; estábamos siempre a merced del clima y los fenómenos naturales; debíamos sobrevivir a depredadores, enfermedades y guerras; nuestros días y nuestras energías se iban casi que en su totalidad preocupandonos por sobrevivir; debimos desarrollar habilidades físicas, mentales y sociales para sobrevivir y prevalecer en ese ambiente hostil en el que vivimos por milenios.

Y no fue sino hasta hace unos 10,000 años que aprendimos a cultivar alimentos y a criar animales de granja, cuando realmente inició la historia de la civilización y las sociedades modernas.

La evolución vs el ecosistema

La evolución es básicamente el fenómeno que sucede cuando a nivel genético ocurre una mutación, una falla en el proceso de clonación que genera un cambio en el organismo, el cual, al ponerlo en su medio ambiente, muestra ser más apto que su versión anterior; esto hace que esta nueva versión se siga reproduciendo y prevalezca sobre su predecesora. Este proceso de competencia y prevalencia de la mejor especie es lo que conocemos como selección natural.

Este proceso está sucediendo constantemente en todos los seres vivos y la velocidad con la que los cambios aparecen y se hacen notorios varía mucho dependiendo del ecosistema en el que el ser vive, otras condiciones de su entorno y sus dinámicas. Sin embargo, es un proceso lento, muy lento; incluso las especies que más rápido evolucionan, evolucionan muy lentamente.

La evolución viene siendo como un proceso que tienen las especies con el objetivo de adaptarse al ambiente donde viven, ella va instalando nuevas capacidades, comportamientos y sentimientos que van haciendo al organismo y a la especie, más apta para sobrevivir. 

Cuando el medio ambiente cambia de forma significativa y abrupta, como sucedió con la era del hielo o con el meteorito que borró a los dinosaurios de la faz de la tierra, suele ser catastrófico para la vida y siempre estos eventos generan extinción de especies. Afortunadamente, a excepción de un par de eventos, el ambiente,en general, ha sido bastante estable, los cambios que normalmente presenta la tierra en su ambiente son lentos, como la separación de los continentes, o pequeños, como terremotos, erupciones y otros fenómenos naturales. Esto ha permitido que las especies, por medio de la evolución se adapten muy armónicamente a su ecosistema.

Pero para nosotros los humanos todo cambió cuando aprendimos a cultivar y a criar animales de granja, dejamos de migrar; nos establecimos y formamos comunidades más grandes; nos organizamos y alejamos a los depredadores; aprendimos a construir viviendas y refugios para protegernos de las inclemencias del clima y otros fenómenos naturales; dividimos las tareas dentro de nuestras comunidades; conseguir alimento, protegernos de peligros y reproducirnos dejaron de ser las únicas tareas que consumían nuestro tiempo y empezó a haber tiempo y espacio mental para otras cosas.

Empezaron a aparecer las artes, las ciencias, la política, la filosofía, la medicina y ellas empezaron a cambiar nuestro estilo de vida, se desarrollaron herramientas cada vez más complejas y eficientes que nos dieron seguridad, alimento y comodidad.

Fue así como inició la historia de la humanidad y la sociedad que hoy conocemos, generación tras generación fuimos utilizando las herramientas y sabiduría dejada por nuestros antepasados para inventarnos cada vez herramientas y elementos más complejos que mejoraran nuestro estilo de vida individual y de sociedad. Creamos hospitales, la imprenta, los barcos, los aviones, los satélites, el telégrafo, los computadores, el internet, los smartphones, la realidad virtual, la inteligencia artificial y miles de creaciones más, que cambiaron profundamente nuestra realidad.

Cambió drásticamente nuestra sociedad y sus dinámicas, las condiciones de vida del individuo son ahora totalmente distintas, la seguridad, la comodidad y las áreas en las que se puede desempeñar; las posibilidades que se abrieron para cada individuo son inmensas. Y todos estos cambios sucedieron en solo 10,000 años, de hecho los cambios son cada vez más acelerados, basta con ver lo que ha cambiado nuestra sociedad en los últimos 50 años para evidenciar la velocidad con la que  se está transformando.

El problema yace en que nuestros genes no cambian a la misma velocidad, nuestra biología no ha tenido el suficiente tiempo para adaptarse, de hecho es básicamente igual a la que teníamos hace 10,000 años; la forma en que nuestro cuerpo y nuestro cerebro funciona es igual, nuestras prioridades, nuestras necesidades, las sensaciones y emociones que nos mueven son las mismas; toda esa información y esos mecanismos que hemos adquirido a lo largo de nuestra historia evolutiva sigue ahí.

Tenemos dentro de nosotros mecanismos, sistemas y dinámicas que están funcionando todo el tiempo y están diseñadas para sobrevivir en un ambiente muy diferente; somos básicamente seres primitivos viviendo en un mundo moderno.

Resultado del choque

Una de las características principales de nuestra especie es la capacidad de razonar y la capacidad de adaptación, tanto a nivel individual como a nivel de sociedad. Es por esto que hemos logrado vivir en un ecosistema moderno, hemos logrado entenderlo y nos hemos logrado adaptar a él tan bien, que incluso, logramos proponer nuevos cambios y contribuir al avance. 

Pero esta capacidad no elimina nuestra parte ancestral, los comportamientos, las sensaciones, las emociones, las dinámicas insertadas por la evolución siguen ahí, funcionando, trabajando, controlando, de forma casi que automática; son la base de nuestro comportamiento, nuestras sensaciones y emociones; es solo sobre ellas, que opera nuestra parte que nos hace especiales, nuestra parte racional.

Y como esa parte “animal” está siempre presente, influye en nuestras vidas; afecta nuestras decisiones, acciones e interacciones; impactan nuestra sociedad, el cómo funciona y sus dinámicas; moldean nuestra cultura, los comportamientos que se consideran correctos, el tipo de información que comunicamos y transmitimos, las costumbres que transmitimos generación tras generación.

En ocasiones la parte racional y la instintiva van en diferentes direcciones, a veces pensamos que debemos sentir algo pero lo que sentimos es algo diferente, de pronto miedos ilógicos, obsesión por el qué dirán, inseguridad a la hora de tomar un camino diferente al que mis amigos o mi familia sugieren; a veces queremos hacer algo pero nos es extremadamente difícil y no entendemos el por qué, hacer el ejercicio, mantener la dieta, comer menos dulces, permanecer en una relación monogámica, dejar un vicio, controlar nuestros gastos, son algunas de las acciones con las que solemos tener dificultades.

Este choque hace que en ocasiones sintamos que perdemos el control de nuestra vida, pues hace que nos comportemos como no queremos y que no logremos los resultados que buscamos. A nivel de la comunidad y la sociedad hace que aparezcan dinámicas perjudiciales, y a medida que las generaciones van pasando se va generando características nocivas en nuestra cultura que en ocasiones parecen deformar nuestra misma humanidad.

¿Cuál es la solución?

Realmente no hay solución, estos dos sistemas están corriendo constantemente dentro de todos nosotros, estas incongruencias van a seguir sucediendo, nosotros vamos a seguir sintiéndolas y debemos seguir dándoles manejo. Es parte de nuestra biología.

Lo mejor que podemos hacer es concientizarnos de la presencia de estas dos naturalezas, entender que tenemos una parte racional y una parte animal; y aceptar que con cierta frecuencia van a estar en contravía. Debemos intentar entender la naturaleza de nuestra parte instintiva, debemos analizar los diferentes impulsos, con cada uno entender como funciona, de dónde viene y cuál es su objetivo, entender cuando se activa, analizar qué tan coherente o pertinente es, entender cómo se puede satisfacer o acallar.

De esta forma, cuando surja un choque entre lo que debemos y lo que queremos, entre lo que pensamos y sentimos, entre lo que intentamos hacer y lo que terminamos haciendo; vamos a reconocer de dónde viene, por qué surge y cuál es su objetivo; finalmente, al entenderlo soportaremos más fácil la situación y tendremos bases firmes para decidir en cada caso, si hacer caso al instinto o ignorarlo y actuar en su contra.

Solo de esta forma podemos lograr reclamar el control de nuestra vida, no al 100%, pero sí al máximo posible. Podremos tomar las mejores decisiones, llevar una vida más alineada con nuestros objetivos, entender muchos de esos fenómenos comportamentales de la sociedad difíciles de entender y dejar de sentir que somos víctimas de un gran complot, y cuando suficientes personas recuperen el control y actúan más acorde a sus principios y su lógica, lograremos cambiar positivamente un poquito nuestra sociedad y nuestra cultura.

Conclusión

Nuestras decisiones y en general nuestras sensaciones y nuestra experiencia de vida, son los resultados de una mezcla entre un ser racional y un ser instintivo. Es una simple consecuencia de nuestra historia y hace parte de nuestra biología; Seamos conscientes de que cuando nuestro ser impulsivo (nuestro sistema límbico) se activa o toma control nos hace actuar o sentir cosas que en ocasiones chocan con nuestra razón.

Entre más entendamos nuestra parte instintiva, sus mecanismos y dinámicas; vamos a lograr mantener más el control de nuestra vida, vamos a lograr pilotear mejor las situaciones cuando estos mecanismos se activen, vamos a poder guiar nuestra vida más desde la razón, vamos a ser más capaces de tomar las decisiones correctas en nuestra vida. 

Primero debemos entender esta dualidad y después debemos tomar el tiempo necesario para explorar los diferentes mecanismos o comportamientos de nuestro ser irracional.  

Esto es lo que estaremos haciendo en los siguientes artículos de nuestro blog.

TL;DR (Too Long; Didn’t Read)

Nuestro cuerpo y nuestro cerebro tienen historia, llevan 540 millones de años evolucionando y las condiciones solían ser difíciles y hostiles, durante este periodo desarrollamos mecanismos de supervivencia que se incrustaron en nuestra especie a nivel genético y hasta el día de hoy siguen operando en nuestro interior. Hace 10,000 años aprendimos a cultivar y a criar animales de granja e inició un periodo de desarrollo acelerado en nuestra sociedad que ha ido cambiando nuestras condiciones de vida, haciéndolas cada vez más cómodas, más seguras y con más libertad.

Pero nuestros genes, nuestro cuerpo y nuestro cerebro no han cambiado tan rápido, biológicamente somos básicamente iguales a como éramos hace 10,000 años, se podría decir que somos seres primitivos viviendo en un mundo moderno.

Los humanos somos una combinación de dos seres, uno racional y uno instintivo, el racional es capaz de adaptarse a los cambios, pero el instintivo no, cuando se activa toma el control y nos hace sentir cosas y actuar de formas que a veces van en contra de nuestra razón.

Debemos hacer un esfuerzo por analizar y entender nuestra parte irracional, explorar sus orígenes, dinámicas y propósitos, así lograremos mantener al máximo el control de nuestra vida y nuestros destinos.

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