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No a todo el mundo es bueno leyendo… (Yo, por ejemplo)

Así que este artículo está en varias versiones para que lo consumas como más te guste.
(Todas dicen más o menos lo mismo)

Este post no es para enseñarte nada ni para ponerte a reflexionar. Mi objetivo en esta ocasión es simplemente presentarme. Quiero hacer una ligera introducción de quién soy, de dónde vengo, explicarte por qué te estoy escribiendo y cual es el plan con estos artículos.

Mi nombre es Daniel Cano, nací en Colombia y a la fecha tengo 33 años, soy curioso, medio hiperactivo, soñador y vivo enamorado de la humanidad.

La sociedad tiene una ruta bien trazada y bastante estandarizada para la vida de las personas, que primero la escuela, luego el colegio, luego la universidad y ojalá sigas con la maestría y el doctorado.

Mi plan inicial era seguir este camino, sonaba como un buen plan y me sentía cómodo estudiando, pero cuando estaba por terminar ingeniería electrónica en la universidad, se me metió en la cabeza que yo quería emprender y que tenía que ser ya!. Me sonaba muy bien la idea (o más bien sueño) de no tener un jefe, de manejar mi propio tiempo y hacer mucho dinero. Así que, sin ningún plan y medio a la loca me lancé a mi primer emprendimiento, arrastrando incluso a un par de amigos en mi aventura.

Este fue mi primer choque contra el mundo, empezamos a desarrollar software y le metimos toda la energía y la fuerza, aún así  fracasamos; sin embargo, fue la primera vez que logré ver que cada fracaso trae lecciones. Lecciones tan importantes y valiosas que justifican de sobra, todo el tiempo y dinero perdido. Esta primera experiencia me hizo romper con el camino tradicional de la educación, porque lo que aprendimos en 3 meses de trabajo intenso era equivalente a lo que se puede aprender en unos 2 años en la universidad; y así fue como ese camino que tenía trazado para mi vida se acabó de repente.

Siguiendo en una búsqueda de mi identidad hice algunos viajes y también ensaye la vida laboral; fui profesor, desarrollador y diseñador de hardware, incluso trabajé un tiempo en el extranjero que es uno de esos logros que son socialmente “alabados”, por decirlo de alguna manera. Regresé al emprendimiento porque extrañaba la sensación de estar en control de la dirección de la empresa. Además, todavía conservaba el sueño de crear una empresa que me hiciera millonario.

En este segundo round pasé por varios proyectos, ensayé con diferentes equipos de trabajo, exploré diferentes industrias y diferentes mercados.  En esta etapa tuve algunos logros, varios fracasos y muchas lecciones. Todo este camino ha ido modificando mi relación con el emprendimiento y especialmente mis motivaciones, hoy continuo emprendiendo porque puedo alinear mis proyectos con mis principios y mis pasiones, puedo elegir a quien quiero servir y cómo lo quiero servir, puedo llevar mis proyectos por un camino que sé que disfrutaré, puedo ejercitar y alimentar mi creatividad y curiosidad y más que nada porque tengo la libertad de llevar mis proyectos por un camino que me hagan sentir que mi vida tiene un propósito más grande.

Yo siento que este ha sido un camino especialmente difícil y lleno de grandes retos,  pero de aprendizaje y crecimiento acelerado. Por una parte, están todos los conceptos y habilidades que antes no tenia y he ido aprendiendo; entender y dominar temas como el mercadeo, los productos y servicios, el talento humano, los equipos de trabajo, los contratos, las aceleradoras, las inversiones, entre otra cantidad de temas que han surgido en el camino. Pero por la otra, el aspecto más retador de este viaje ha sido, sin lugar a dudas, el proceso de exploración, reconocimiento y crecimiento interno.

Cada reto nuevo y especialmente cada fracaso me hace cuestionarme muchas cosas, entre ellas, mis motivaciones, me pregunto ¿por qué hago lo que estoy haciendo?. A veces, la respuesta me hace sentir orgulloso y me llena de energías para seguir, pero en ocasiones, encuentro motivaciones que son dañinas o que nacen de mis debilidades e incluso a veces me avergüenzan tanto que no sólo las escondo de los demás si no que me son muy difíciles de aceptar. Algo muy similar sucede cuando analizo el por qué tuve éxito con algo o por qué algo no funcionó. En general, encuentro lo que se hizo bien; todas las características, habilidades y fortalezas que tengo; y también encuentro cosas que se hicieron mal, las fallas, errores y debilidades.

Cuando se hacen estos análisis o evaluaciones, el siguiente paso suele parecer muy “claro”; debo reforzar y mantener todo lo que encuentro bien, y cambiar, abandonar o superar todo lo que no está bien. Esto suena fácil, pero es un proceso supremamente difícil y lento, trabajar en corregir las debilidades requiere mucho esfuerzo, humildad, y paciencia. Pero en últimas, es este compromiso y esfuerzo el que trae la sensación de crecimiento y de avance que me hace sentir tan bien.

Yo pienso que lo que me ha permitido enfrentarme a estos retos y perseverar a pesar de los innumerables fracasos ha sido mi constante curiosidad, mis sueños ambiciosos y mi amor propio.

Debo aceptar que la curiosidad y el soñar en grande fueron regalos que fueron entregados a mi, no son características que recuerdo haber trabajado ni desarrollado. Tal vez, la predisposición genética o de mi alma combinada con una infancia donde toda pregunta que hacía siempre fue paciente y sabiamente respondida, una infancia donde se me dijo mil veces que yo podía llegar tan lejos como quisiera en la vida, fue lo que me permitió crecer con estas características.

Pero el amor propio es otro cuento, éste hay que merecerlo. La única forma de ganarse el respeto de uno mismo y generar confianza en nuestras  propias capacidades, es poniéndonos pruebas y enfrentandolas. Sólo así logramos demostrarnos con cada prueba superada, que sí somos capaces y con cada tropiezo, que podemos soportar las caídas, aprender de ellas y volver más fuertes; sólo de esta forma logramos construir una imagen propia fuerte, que nos permita apostar en nosotros mismos.

Aunque honestamente, siento que apenas estoy empezando, que tengo todavía mucho camino por recorrer y muchas lecciones por aprender; soy consciente del camino que ya he recorrido y las lecciones que he aprendido. Con cierta frecuencia encuentro otras personas que están enfrentando situaciones similares a las que ya he pasado, o que están estancadas en una situación de la que yo pude salir, o que podrían beneficiarse de un punto de vista poco tradicional como el mío; y sé que puedo ser de ayuda para  algunos..

Una de las lecciones que he aprendido, es que para realmente disfrutar la vida necesitamos sentir que tenemos un propósito, un motivo por el cual vale la pena vivir e incluso morir, y que este solo lo podemos encontrar logrando que nuestra vida aporte a una causa más grande que nosotros mismos. Por ejemplo, que aporte a otras personas particulares, o en general a la humanidad o al planeta.

En mi caso, yo he encontrado gran satisfacción en ayudar a los demás compartiendo mis experiencias y aprendizajes. Hasta el momento lo he venido haciendo de una forma casual, de forma personal con las personas que me cruzo y ha funcionado, se ha sentido bien. Pero sé que hay más personas a las que podría estar ayudando y no lo he venido haciendo; por eso, desde hace rato he empezado a sentir una obligación moral de compartir públicamente ciertas ideas o historias que sé que podrían ayudar a algunas personas.

Hasta el momento, he venido ignorando este llamado por miedos e inseguridades, pero esto sólo ha logrado que el peso de no estar haciendo lo que siento que debo hacer crezca hasta ser casi insoportable y es por eso que he decidido romper mi silencio. Hay ciertas ideas, historias, principios y lecciones que quiero compartir sólo con el objetivo de ayudar al que las reciba. Y me comprometo de ahora en adelante a compartirlas con regularidad hasta que sienta que ya no tengo más que decir.

Como apenas estoy iniciando con esto de escribir, iniciaré publicando algo cada 2 semanas, pero a medida que mi habilidad y velocidad mejoren trataré de llegar al objetivo de publicar todas las semanas.

Todavía tengo mis miedos e inseguridades y esa idea de “quién soy yo para estar dando lecciones” salta a mi mente cada 30 minutos, pero estoy comprometido a enfrentar estas dudas y pues aunque no sé si mi historia y mis logros sean suficientes para generar credibilidad en el lector, si sé que mis intenciones son buenas, y también sé que mis textos no serán para todos, pero si aunque sea una o dos personas encuentran valor en ellos, todo el esfuerzo y tiempo invertido será justificado y mi alma encontrará su paz.

 

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